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Provincia de Girona
Monasterio de Sant Quirze de Colera
(Rabós d'Emprodà, Alt Empordà)
42º 25,036'N ; 3º 3,596'E
El monasterio tiene sus orígenes, según la tradición, hacia finales del siglo
VIII. Los hermanos Libencio y Assenario con su familia, sirvientes y otros
hombres fundaron el cenobio, siendo Libencio el primer abad. Una vez
establecido el monasterio, empezaron a fundar parroquias por todo el valle. Guiemund, hijo de Assenario, sucedió a su tío y a su padre en la dirección de
la comunidad. El crecimiento y la influencia que adquirió el monasterio
provocaron numerosas disputas con el conde Alarico de Empúries. En el año 844
Guiemund fue a Sant Serni de Tolosa a pedir la intercesión del rey Carlos el
Calvo, que se encontraba sitiando la ciudad. Así pues, el
monarca firmó un precepto por el cual se confirmaba que el cenobio había sido
fundado con la autorización de Carlomagno.
De este templo todavía se conservan algunos elementos de su cabecera, situados
en el extremo este del claustro, junto al brazo sur del transepto actual.
En este sector vemos una pequeña estancia, que todavía conserva parte de su
bóveda de cañón. Se trata del ábside derecho de la basílica prerrománica, de
planta rectangular y en el que se abre una pequeña ventana en su muro este.
Este ábside se comunicaba con el ábside central mediante un pequeño arco de
medio punto, hoy parcialmente cegado.
El ábside principal era de planta semicircular o de herradura y tenía grandes
dimensiones. De él sólo nos ha llegado parte de sus cimientos, situados justo
detrás del ábside derecho de la iglesia actual.
El ábside estaba rodeado por un deambulatorio, del que se ha conservado un
pequeño fragmento junto a la absidiola sur.
Todos estos elementos fueron construidos con opus spicatum y fueron
reaprovechados como dependencias monacales.
Durante el siglo X el monasterio aumentó sus dominios y poder, en gran
parte gracias a las donaciones de los condes de Empúries, lo que comportó una
ampliación del cenobio. El año 935 el obispo de Girona consagró la nueva
iglesia dedicada a Sant Quirze, Sant Andreu y Sant Benet. El poder del
monasterio siguió creciendo, con los consecuentes litigios con los condes
de Empúries. En 1132, con Berenguer como abad, se consagró el actual templo.
En 1242 el abad Bernat Guerau compró, por 4.280 sueldos, a Ramon de
Empúries el término de Rabós, en el cual pasó a ejercer jurisdicción civil.
Unos años más tarde, en 1255, el conde Ponç IV vendió al monasterio las
posesiones que todavía conservaba en el valle de Sant Quirc.
En 1285 las tropas de Felip l'Ardit acamparon junto al monasterio, para
preparar el asalto al puerto de Roses y con la intención de conquistar
Cataluña. Las tropas francesas habían sido detenidas en el puerto de Panissars por
el ejercido del rey Pere el Gran y buscaron un paso alternativo. Algunas
fuentes afirman que serían los mismos monjes de Sant Quirze los que ayudaron
a los franceses a cruzar los Pirineos.
Pocos años más tarde, en 1288, el cenobio sufrió una nueva invasión, en este
caso por parte de Jaume de Mallorca al frente de tropas francesas. En este
caso la invasión provocó graves daños en el monasterio y la pérdida de
elementos litúrgicos.
A partir del siglo XV empezó el declive del monasterio, que se agravó el año
1592 cuando pasó a depender del de
Sant Pere de Besalú. Con la desamortización del 1835 fue subastado y lo adquirió
el general ampurdanés Ramon de Nouvilas y de Ràfols. En 1994 sus descendentes
lo vendieron al Ayuntamiento de Rabós por el simbólico precio de 1.000
pesetas. Desde entonces se están llevando a cabo varias campañas de
restauración para devolverle la dignidad que se merece este monumento medieval.
La iglesia es de planta basilical con tres naves acabadas en un transepto
destacado, en el que se abren tres ábsides semicirculares.
Por la parte exterior los ábsides están decorados siguiendo los cánones
lombardos con arcos ciegos y lesenas.
El templo se construyó aprovechando buena parte del templo construido en el
siglo X. Este también tenía tres naves y tres ábsides, si bien los laterales
eran rectangulares. Durante las excavaciones realizadas a finales del siglo XX
se descubrió la cabecera de esta iglesia, que se ha dejado a la vista.
El ábside principal está decorado con cinco arcos, que descansan en un alto
podio. Sus capiteles son lisos y destacan por su simpleza. En el arco
central se abre una sencilla ventana de medio punto y doble derrame.
Los ábsides laterales no tienen esta decoración. En 2006, durante las obras de
restauración que se están realizando, salieron a la luz restos de pinturas
murales en el ábside sur.
A pesar de su grave estado de degradación, todavía podemos ver la mandorla en
la que había sentada una majestad.
A ambos lados encontramos el sol y la luna y dos ángeles. El del lado
izquierdo está muy fragmentado, mientras que el del lado derecho se ha
conservado en bastante buen estado.
En un nivel inferior todavía se puede ver parte de la apostolado, que se
distribuía a ambos lados de la ventana.
Completan la decoración pictórica conservada unos fragmentos situados en el
intradós del arco triunfal.
Posteriormente, entre el ábside principal y la absidiola sur se construyó una
pequeña capilla a la que se accede por un arco apuntado.
La nave principal está cubierta con bóveda de cañón, reforzada por arcos
fajones. Estos están adosados a los pilares rectangulares dónde se apoyan los
arcos formeros de medio punto, que separan las naves.
Las naves laterales, muy estrechas, están cubiertas con una bóveda de cuarto
de círculo.
En el siglo XII se hundió la parte noroeste del templo. Entonces se optó por no
reconstruir este espacio y se redujo la longitud del templo, construyendo una
nueva fachada a la altura del primer arco toral. La nueva puerta es de factura
muy sencilla, con un doble arco de medio punto en gradación, dintel y tímpano.
Coronan la actual fachada los restos de una espadaña.
El único fragmento que queda en pie del claustro es el que está adosado a la
iglesia. La construcción es del siglo X, coetánea de la basílica consagrada en
el año 935. Tenía planta cuadrada de pequeñas dimensiones. Bien entrado el
siglo XII se reformaron las otras tres galerías del claustro de acuerdo con
las tendencias de la época. Las ensambladuras de las vigas que podemos
encontrar en el muro de poniente nos hacen pensar que estas nuevas galerías
tenían cubierta de madera, lo que explicaría que no se hayan
conservado. En este caso tenían capiteles esculpidos, que fueron expoliados
durante la época de abandono del monasterio. Sólo se han conservado dos
capiteles, reaprovechados en una ventana de la abadía.
En la galería que se ha conservado podemos ver dos grandes ventanas geminadas.
Las pequeñas columnas destacan por su color blanquinoso, debido a que están
realizadas con piedra calcárea. Sus capiteles son de tipos mensuliforme,
de gran arcaísmo. La galería todavía conserva parte de su bóveda de cuarto de
círculo. Un muro de factura posterior divide la galería, que previsiblemente
será demolido durante las obras de restauración que se están llevando a cabo.
Del resto de dependencias monacales románicas se ha conservado bien poca cosa.
El edificio más interesante se encuentra en el sector de poniente. Tiene una
planta rectangular muy alargada y cubierta con una bóveda apuntada. Esta se
derrumbó parcialmente y se decidió construir un muro que separaba el sector
dónde todavía se conservaba la bóveda del que la había perdido.
Parece ser que esta sala era el refectorio del monasterio, pero algunos
historiadores afirman que sus dimensiones eran demasiados grandes para ser el
únicamente el refectorio y probablemente estaba dividido en varias
estancias, entre ellas
el dormitorio. Todas estas opciones se tendrán que confirmar o desmentir durante
las obras de restauración que se están llevando a cabo, en que se retirará
el muro que divide la sala y se reconstruirá la cubierta en aquel sector en que
se hundió.
A mediodía encontramos un edificio de grandes dimensiones. Fue edificado en
los siglos XIV o XV, sobre otras estructuras más antiguas. Era el palacio del
abad.
La sala inferior está cubierta con una bóveda de cañón, reforzada con dos
arcos fajones dovelados.
En la fachada sur se abren dos grandes ventanales góticos con ventanas
tríforas, dos capiteles de las cuales son reaprovechados del claustro románico
del siglo XII. Este edificio era utilizado como vivienda durante los años en
que el monasterio fue una propiedad privada. Esto ha provocado que se
mantuviera en pie, pero con numerosas modificaciones. Durante los años que el
cenobio estuvo deshabitado se robó un tercer capitel. En la explanada que hay
detrás los ábsides se encontraba el patio de armas del monasterio. Hay que
recordar que desde el siglo XIV el monasterio tenía poder civil y
religioso sobre la zona. En este sector es dónde se conservan algunos de los
elementos con que fue fortificado el cenobio.
El elemento más destacado es la torre angular de planta rectangular.
Inicialmente estaba coronada con almenas, que se eliminaron por aumentar su
altura y construir la cubierta actual. A unos veinte metros hacia el sur había
otra torre de características similares, de la que sólo se conserva su base.
La torre se une al brazo norte del transepto por un lienzo de muralla de un
treinta metros de longitud. Desgraciadamente la altura del muro que se ha
conserva es muy pequeña, pero todavía se pueden ver numerosas saeteras.
Un muro paralelo a este, formaba la fachada que daba al patio de armas. Su
estado de conservación es irregular, conservándose mejor el sector más próximo
a la cabecera de la iglesia. En él se abren dos puertas con un arco de medio
punto dovelado.
En la moderna iglesia de Sant Quirc, construida en el siglo XIX, se conserva
la pila bautismal del monasterio, datada a finales del siglo XIII o principios
del XIV. La parte más baja es lisa, mientras que la superior está esculpida
con un friso en el que podemos ver algunos elementos vegetales. También se
conservan en este templo dos aras de altar lisas, procedentes del cenobio.
Justo en frente podemos observar la antigua iglesia parroquial de
Santa Maria.
Al norte de esta iglesia encontramos los restos de una edificación que podría
ser el hospital del cenobio, construido en 1348 extramuros del monasterio.
Desde aquí querría agradecer la deferencia que el Ayuntamiento de Rabós
d'Empordà ha tenido con esta página web, permitiéndonos el acceso al
monasterio durante las obras de restauración, para poder fotografiar la
evolución de las obras que se están llevando a cabo.
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