Provincia de Girona


Sant Cristòfol de Toses
(Toses, Ripollès)

42º 19,394'N ; 2º 1,122'E    




En la supuesta acta de consagración de la Catedral de la Seu d'Urgell, del año 839, ya se hace referencia al lugar de Toses. Hay que recordar que la autenticidad de esta acta está más que cuestionada, pues parece que fue escrita casi dos siglos más tarde. De todos modos nos permitiría afirmar que hacia el siglo X ya existía un lugar llamado Toses y que pertenecía al condado de Cerdanya. Las primeras noticias fiables de este lugar son del año 1035, cuando se menciona en el testamento del conde Guifré de Cerdanya.


El templo dedicado a San Cristóbal está situado en las afueras de la población, en un lugar elevado dominando todo el valle. La actual edificación fue construida en el siglo XI y reformada en el XII.

Tiene una única nave con cubierta apuntada, que está rematada al este por un ábside semicircular cubierto con bóveda de cuarto de esfera.


El campanario de torre está adosada al muro sur, cerca del presbiterio. En el lado opuesto de la nave se adosó una capilla posteriormente.


El campanario es una torre de planta cuadrada y dos pisos de altura. Sus muros son gruesos, dotándola de un aspecto muy robusto. El primer piso es un alto zócalo decorado con lesenas esquineras y un friso de siete arcos ciegos en cada uno de los muros, según la tradición lombarda.


En la parte inferior del muro sur, se abre una ventana en forma de aspillera, sobre la que vemos un motivo decorativo con los sillares en forma de rombo.


En el piso superior encontramos una gran ventana de medio punto en cada uno de sus muros, sobre la que se abre otra ventana. La altura de esta segunda ventana depende del muro donde se encuentra, ya que la cubierta a dos aguas condiciona la altura del muro. De esta manera las ventanas de los lados norte y sur son de mayores dimensiones que las de los lados este y oeste.


La puerta de acceso se abre en el muro sur. Tiene forma rectangular, cubierta por un sencillo dintel. El elemento más interesante es la forja que aún se conserva, aunque se han perdido algunos elementos. En cada batiente encontramos cinco tallos, que al llegar a los extremos se bifurcan y se convierten en volutas en forma de caracol. A cada uno de estos tallos lo cruza otro igual en sentido vertical.


El interior del ábside estaba decorado con pinturas murales del siglo XIII, que en 1952 fueron arrancadas y trasladadas al Museo Nacional de Arte de Cataluña.


Se conservan en un estado muy fragmentario y sólo se pueden ver algunas figuras. Entre ellas se encuentra el pantocrátor, que centra la cuenca absidal. No podemos contemplar su cara, pues se ha perdido, como la mano izquierda. Si que nos ha llegado la mano derecha, con la que sostiene un libro. Le rodeaba el tetramorfos, del que sólo se han conservado algunos fragmentos.


En un nivel inferior, a ambos lados de la ventana y bajo una cenefa vegetal, se puede ver parcialmente un apostolado.


La parte interior de la ventana también está decorada con Caín y Abel presentando los fruto del trabajo a Dios.


Durante una campaña de restauración efectuada en el templo, se descubrieron algunos pequeños fragmentos de pinturas murales en la bóveda de la nave, que se han restaurado y conservado in situ.

Junto a las pinturas, en el Museo Nacional de Arte de Cataluña, también se conserva la viga travesera del ábside. Servía para sostener un calvario o un descendimiento, que no se ha conservado.


Está decorada en sus caras anterior e inferior con motivos vegetales y geométricos.


También podemos contemplar en el museo la reconstrucción de un baldaquino de madera. En la iglesia se localizaron cuatro fragmentos, a partir de los cuales se realizó esta reconstrucción.


En estos fragmentos, de madera policromada, se pueden ver algunos ángeles y estarían datados en el siglo XIII. Para la construcción del baldaquín se utilizó un capitel de madera de procedencia desconocida y que podemos encontrar en la columna derecha de la parte frontal.


Completan la colección de piezas provenientes de esta iglesia una Virgen del siglo XIII y dos laterales de altar, de finales del mismo siglo, donde se representan a San Miguel, San Pedro y San Pablo.