Aragón - Provincia de Zaragoza


Castell de Villaverde
(Luna, Cinco Villas)
 
42º 13,264 'N ; 0º 56,928'O      




El castillo actual fue edificado en el siglo XIV, aunque en el siglo XI ya se construyó una anterior fortificación. Algunas fuentes afirman que el castillo que se levantó el año 1092 por orden de Sancho Ramírez, ocupó el lugar de una antigua fortificación musulmana del siglo X. El encargado de la construcción del castillo fue Banzo Azón, un cargo de confianza del monarca. Servía como enlace entre la torre de Biel y los castillos de Obano y Yecra.


En 1097 aparece como una posesión del infante Alfonso I el Batallador. Años más tarde, en 1167, fue donada a los templarios para que organizaran la repoblación de la zona y protegieran el camino entre Luna y Biel. Cuando esta orden desapareció, Jaume II la entregó a su hijo, el infante Alfonso, en el año 1320. Es en este momento que se construye el castillo que podemos contemplar en la actualidad.

En 1343 Pedro IV de Aragón vendió el castillo a Lope de Luna, señor de Segorbe. Posteriormente, el castillo quedó abandonado hasta que Fernando I vendió el condado de Luna a Juan de Funes.

Del antiguo castillo destaca la gran torre de planta cuadrada, de unos 10 metros de largo y unos 12 metros de altura.


Se accedía a ella por una puerta abierta en el muro este y en el primer piso. Está formada por un sencillo arco de medio punto adovelado.

Internamente estaba dividida en tres pisos. Un arco de medio punto sostiene el suelo de madera de la primera planta. La separación entre la primera y segunda planta ha desaparecido, si bien se conservan algunas de las ménsulas donde se apoyaba.


En todo el edificio encontramos aspilleras, especialmente en la segunda planta, donde se han perdido las almenas.


Esta torre estaba rodeada por un anillo de murallas, que aún se conservan parcialmente. La parte mejor conservada está al este de la torre.


Una vez más en esta zona, el castillo es de propiedad privada y pide a gritos una consolidación de sus muros, antes de que sea demasiado tarde. Como también resulta habitual, la administración de Aragón se desentiende y en cambio emplea muchos recursos en reclamar el patrimonio que ya estaba salvado de la destrucción.