Provincia de Girona


Castillo Palacio
(La Bisbal d'Empordà, Baix Empordà)

41º 57,575'N ; 3º 2,250'E     




Las noticias más antiguas, que hacen referencia a la Bisbal, las encontramos en preceptos carolingios del año 844, cuando se pone de manifiesto que el obispo de Girona tenía derechos sobre la parroquia de Santa María. A principios del siglo XI, durante el obispado de Pere Roger, estos derechos pasaron al conde, que los donó en feudo a los vizcondes de Cabrera. Estos nombraron alcalde a Gausfred de Cruïlles, que actuaba como señor del lugar. Este fue el inicio de numerosos conflictos entre esta familia y el obispado, que recuperó el poder sobre el lugar en poco tiempo. Sin embargo, los Cruïlles mantuvieron allí ciertos derechos, que propiciaron constantes disputas. Es probable que fuera en este momento cuando se construyó el castillo.


Fue residencia habitual de los obispos de Girona, los cuales tenían jurisdicción civil y criminal en la zona, otorgada por Jaume I. Así pues disponía de prisión y de horcas.

Un interesante documento de principios del siglo XIV, nos habla de los muebles que había dentro del castillo, que eran bastante escasos y sencillos. Se trata de un inventario ordenado por el obispo Gastó de Moncada, donde se detalla que en la sala principal había un armario donde se conservaban las escrituras, un colchón con ropa de cama y armamento. En la cocina había dos mesas, con dos bancos y los utensilios necesarios para cocinar. En la sala adyacente se podían encontrar dos colchones de paja y una cama de ropa, además de un armario.


El castillo, además de ser residencia del obispo, también se utilizó como prisión. De hecho, en 1442 fue encarcelado el primo del obispo Guillem de Pau, que era abad de Banyoles, por un rencor personal. Según documentos de la época, los condenados a perpetuidad lo tenían muy complicado para sobrevivir en esta prisión, debido a las condiciones de las celdas, en especial la conocida como "Lo Canó".


A principios del siglo XVII fue reformado, tal y como se puede leer en la puerta de acceso, construida en 1604 y donde podemos ver el escudo de armas del obispo Francisco Arévalo de Zuazo, que es quien la hizo construir.


Fue edificado entre los siglos XI y XII y es uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil románica de la zona.


Tiene planta rectangular, con dos pisos, organizados en torno a un pequeño patio, donde había un pozo, cegado en el siglo XV.


En la última restauración se ha dejado a la vista el antiguo pozo, ahora custodiado por el águila.


En el nivel inferior encontramos tres grandes estancias, todas cubiertas con bóvedas apuntadas. Sólo rompe esta norma el corredor de entrada, que tiene bóveda de cuarto de círculo. La sala del lado de poniente, era la antigua caballeriza, actualmente convertida en auditorio, donde se proyecta un audiovisual sobre el Pirineo Condal.


Es una gran sala rectangular, que inicialmente estaba iluminada por tres ventanas de doble derrame, bajo las que se conserva el antiguo comedero para el ganado.


Las ventanas románicas antiguamente daban al exterior, pero en el siglo XVI se añadió un cuerpo en el sector oeste, quedando desde entonces ocultas.


La sala del sector norte se dividió con el paso de los siglos en dos espacios. El lado occidental se utilizó como prisión, de la que aún queda la reja y la puerta de entrada.


El sector oriental, en cambio, se destinaba a la bodega, como han demostrado los diversos restos arqueológicos encontrados en esta sala.


Desde el extremo noreste podemos acceder a la tercera sala mediante un arco rebajado. Inicialmente esta sala era el establo del castillo.


En el siglo XVIII se cambió la función de esta sala, convirtiéndola en la sala de prensa del vino. Hoy en día podemos volver a contemplar el bacín y las antiguas tinas.


Esta sala disponía de un nivel superior, seguramente de madera, como lo demuestran las dos puertas abiertas en altura. En la del lado norte, se conserva la puerta de madera del siglo XIV.


Dos ventanas de un derrame y en forma de aspillera por el exterior iluminan la sala.


Un estrecho pasillo nos lleva hacia la recepción.


En este pasillo, a mano izquierda, encontramos una pequeña sala, que se corresponde con la primitiva prisión, conocida como "Lo Canó". Viendo sus dimensiones no nos resulta difícil imaginar como de duras debían ser las condiciones de vida en esta cámara.


Por una gran escalera, situada justo encima de la mazmorra, o bien por la que hay en el patio interior, accedemos al piso superior o planta noble. Este está dividido en seis salas, que se organizan alrededor del patio.


La sala del lado sur es conocida como la sala capitular.


Era el lugar de reunión del castillo y allí donde se realizaban los actos más importantes, como lo demuestran los escudos que encontramos encima de las puertas.


En el extremo noreste de la sala hay un arcosolio de grandes dimensiones, que era utilizado como armario. Muy cerca hay una puerta, de factura moderna, que comunica con una sala, cerrada al público. A su lado se encuentran los restos de una antigua puerta, mucho más centrada que la actual.


Desde esta cámara accedemos a la sala más importante del castillo, que estaba destinada a la estancia del obispo. Tiene planta casi cuadrada y reducidas dimensiones, si la comparamos con el resto de cámaras.


En el ángulo nordeste volvemos a encontrar un arcosolio, de características similares al de la sala capitular.


Como hemos comentado, se accede a la cámara desde la sala capitular, pero creemos que este no era su acceso original, si no que se accedía directamente desde el patio central, como lo demuestran los restos de una puerta cegada .


La certeza que esta era la estancia del obispo está basada en tres hechos. En primer lugar es la cámara que hay entre la sala capitular y el comedor, formando así el núcleo de estancias más relevantes de todo castillo-palacio. Por otra parte es la habitación central de la fachada principal del castillo y que da al patio de armas y en último lugar, por que junto a la ventana que da a este patio, hay una pequeña escalera, que por el interior del muro, llevaba hasta la capilla del castillo. Actualmente está cegada.


La otra gran sala de esta planta sería la del comedor. Como en las dos salas anteriores dispone de un gran arcosolio, en este caso situado en el ángulo suroeste.


Pero si hay un elemento que destaca en esta sala son las grandes ventanas románicas del muro lateral.


En el lado norte encontramos un arco rebajado, que nos conduce hacia una pequeña sala.


Este arco ha sido parcialmente cegado, para esconder una escalera de caracol, que conduce hasta la terraza. Desgraciadamente, este acceso también ha quedado inutilizado.


La pequeña sala situada al otro lado del arco rebajado también ha visto como su puerta original era modificada con el paso de los siglos, pues se cegó la original y se construyó una nueva a su lado.


También se construyó un techo de madera, que divide la cámara en dos niveles. Se accede al nivel superior por una abertura que hay en la sala adyacente. Esta división también se producía en otras salas, pero sólo se ha conservado en ésta.


La última sala que podemos visitar del castillo es la que los técnicos han identificado como cocina. Aquí volvemos a encontrar un arcosolio, utilizado como armario.


El elemento más singular es la monumental chimenea, decorada con el escudo del obispo Francisco Arévalo de Zuazo.


Precisamente este elemento es el que algunas fuentes utilizan como argumento para afirmar que esta sala no era la cocina, si no otra cámara al servicio del obispo. La verdad es que resulta poco habitual ver un escudo de estas características en la chimenea de una cocina. Parece que debería ser más propio de una estancia noble. Pero si realmente esta sala no era la cocina, ¿donde estaba esta estancia indispensable en un palacio?


Nuevamente desde la escalera del patio interior podemos subir hasta la terraza.


En el ángulo de levante se alza la capilla, dedicada a San Miguel, que desde el exterior tiene apariencia de torre rectangular. No es muy habitual encontrar una capilla en esta ubicación, de hecho estaba concebida como penúltimo reducto en caso de ataque.


La capilla tiene un ábside semicircular, no visible desde el exterior, en el que se abre una pequeña ventana de medio punto y doble derrame.


La nave se cubre con una bóveda de cañón, ligeramente apuntada, mientras que el ábside tiene una bóveda de cuarto de esfera. A diferencia del resto de bóvedas del castillo, hechas con rocalla, las del templo son hechas con sillares. El arranque de la bóveda está marcada con una moldura.


El ábside está separado de la nave mediante un arco triunfal, que descansa en dos columnas cilíndricas, que tenían sus capiteles esculpidos.


Desgraciadamente, los dos capiteles están tan deteriorados, que no podemos ni siquiera intuir los motivos con que fueron esculpidos.


Si que se ha conservado la decoración de las bases. Presenta una gran moldura semicircular, que rodea la columna, y pequeños cilindros en los ángulos.


Como ya hemos comentado anteriormente, el obispo podía acceder directamente a la capilla desde su cuarto, mediante una escalera situada en el lado derecho del presbiterio.


También se podía entrar desde la terraza mediante dos puertas, situadas en las fachadas interiores de la torre. La más interesante de las dos es la del lado suroeste. Está formada por dos arcos de medio punto en gradación, sin dintel ni tímpano.


Esta iglesia fue convertida en mazmorra para las mujeres durante el período en que el castillo hizo la función de prisión. Por eso esta puerta fue reforzada con tres cerrojos.


Son realmente interesantes los dibujos de los agujeros de las llaves.


La otra puerta se encuentra en la fachada noroeste. Es mucho más sencilla, formada por una solo arco de medio punto adovelado.


Como ya hemos comentado, la capilla está en el interior de la torre maestra, el último punto de defensa de un castillo.


Esta torre tiene dos niveles. Se accede a la inferior por una escalera adosada a la fachada sur.


Una vez franqueada la puerta de acceso nos encontramos con una terraza coronada con almenas en la que se alza otra pequeña torreta.


También están coronados con almenas el resto de muros del castillo.


Completa la defensa del edificio el matacán que hay sobre la puerta de acceso.


La plaza que hay delante del castillo era el patio de armas y estaba rodeado por una muralla, del siglo XIV, de la que todavía quedan restos en el ángulo sureste.


En este mismo siglo se construyeron también los muros que hay junto a la torre maestra.


Se cree que se querían construir nuevas dependencias, más adecuadas para los gustos de la época, como lo demuestran los bellos ventanales góticos. Parece ser que estas estancias no se terminaron de construir y en su lugar se edificaron unas celdas en el momento en que el castillo era utilizado como prisión. Actualmente han sido eliminadas.


La mayoría de ventanas que podemos observar hoy en día, especialmente en la fachada principal, corresponden a la reforma de los siglos XVI y XVII.

fachada

 


La visita al castillo es obligada para todos aquellos amantes de la historia, pues es uno de los mejores ejemplos de arquitectura civil románica conservados en Cataluña y sin muchas alteraciones. Actualmente son visitables las dos plantas y queda pendiente la restauración y adaptación para las visitas de la terraza y la capilla.

Desde aquí queremos agradecer al Área de Promoción de la Ciudad de la Bisbal todas las facilidades recibidas para visitar y fotografiar el castillo.